Libros, e-books y viejos recuerdos

Los e-books están generando mucha expectación. Se trata de un tema que nos está descubriendo iniciativas muy potentes y que entre los usuarios genera sensaciones y sentimientos muy variados.

Organizaciones instituciones y empresas de muchos países muestran su preocupación por este nuevo formato y por su ritmo de implantación. Las editoriales miran las cifras con resquemor y también con mucho respeto. No saben cuando comenzará el proceso de transición y no tienen tomado el pulso a las demandas de la sociedad.

Mientras tanto Amazon sigue imparable y anuncia el lanzamiento de una versión internacional de su libro electrónico Kindle. Está claro que la llegada a España de un dispositivo así, que genere una buena experiencia de uso y se adapte a las necesidades y exigencias de los lectores, puede provocar un cambio repentino.

Ahora bien, valorando las desventajas del dispositivo de Amazon surgen muchas dudas que no ayudan precisamente a aligerar la futura popularización del e-book.

Por ejemplo, ¿cuál será el dispositivo aceptado por los usuarios?, ¿cuál va a ser finalmente el formato adoptado por todos los e-reader?, ¿cómo dispondremos la información en estos nuevos dispositivos?, ¿con que tipo de conexiones contaremos? o lo que es más grave, ¿quién se va a preocupar de los usos indebidos de plataformas o de los derechos de autor?.

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Hasta ahora estos últimos temas en otros sectores no los hemos sabido campear muy bien. La aparición del libro electrónico puede empeorar o, quien sabe, mejorar la situación.

Pero hasta que todo esto suceda tenemos tiempo, años y casi diría que toda una vida para seguir disfrutando de los libros. Dejar entre sus hojas pequeños recuerdos de un viaje (una tarjeta de visita, la factura de un hotel o la lista de la compra), hacer dibujos o anotaciones en los márgenes o dedicarse al bookcrossing pueden seguir siendo prácticas habituales en el trato cotidiano con los libros.

El diseñador Shawn Hazen piensa lo mismo aunque prefiere valorar no solo el interior sino también el exterior de los libros. Por eso ha montado Book Worship, un blog que captura las portadas de libros editados en los años 50, 60 y 70.

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Puedes ver algunos ejemplos adornando este post pero merece la pena pasarse por «ese lugar de culto» que es Book Worship para admirar más cubiertas relacionadas con disciplinas tan variadas como matemáticas, ética o religión. Grandes obras que comparten algo en común: cautivar visualmente a sus lectores.

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Igualmente el olor que desprenden cuando son nuevos o el color que toman con el paso de los años todavía hoy puedes sentirlo en las miles de bibliotecas que hay repartidas por todo el mundo.

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Eso está ahí y no se perderá.