Diseño y rediseño

Hace unos días pasé una propuesta de trabajo y, entre los textos, incluí la palabra rediseño, ya que consideraba que el objeto de dicha propuesta era rediseñar el producto que me presentaban.

Mi sorpresa fue que las personas que recibieron el documento me preguntaron por el término y me dijeron: “No queremos un rediseño. Queremos hacerlo nuevo, que lo construyas partiendo de cero porque nos fiamos de tu criterio”.

Desconozco la experiencia que habían tenido con su producto y con el equipo que había trabajado en el mismo pero en sus palabras parecían esconder cierta aversión o rechazo a cualquier cosa que se pareciera a lo que ya estaba publicado. Sin poner foco en esa parte, está claro que un pequeño detalle como este me hizo pensar, una vez más, si la comunicación que establecemos con los clientes es la adecuada. Con una sola palabra podemos conseguir que el enfoque de nuestro trabajo gire 360 grados e incluso que no se entienda correctamente. ¿Y ahora qué, diseño o rediseño?

Diseño o rediseño

Hasta ahora, y valorando la idea que me estaban transmitiendo, un diseño implica la ideación, concepción y creación de una obra, objeto, producto… sin existencia previa y llevando implícito un proceso creativo propio, de planificación e innovación. No llega a ser una definición correcta puesto que no he hablado de la dimensión tecnológica, estética, funcional o afectiva del diseño. Tampoco me he referido a los contextos o las estrategias para hacer frente a las necesidades o intereses de usuarios/consumidores.

En definitiva, el diseño se convierte casi en una contribución individual, única e independiente que un inspirado, original y sensible diseñador “esculpe” entre impulsos divinos y cualidades artísticas sin precedentes.

Rediseñar, según este planteamiento, se convierte en algo secundario, en la actualización de una solución que ya existe. Sería esa operación de maquillaje que mejora, ilusiona lo justo y sale resultona en términos estéticos, puede que incluso funcionales y especialmente económicos. Pero por suerte eso no es lo que querían que hiciera.

¿Y ahora qué hago?

Siguiendo con estos argumentos, debía sentarme en mi mesa, desconectar todos los aparatos tecnológicos, eliminar cualquier distracción y comenzar desde cero a dibujar sobre un bloc de notas con ese carcomido lápiz que me acompaña en cada una de mis encomiables inspiraciones.

Pero antes de seguir por ese camino, que estaréis de acuerdo conmigo que no parecía muy correcto (entre otras cosas porque todos mis lápices están impolutos), se me ocurrió hacer una última consulta y es entonces cuando descubrí que, por suerte, ni diseñar ni rediseñar podían tener tal significado. Todo un alivio y una suerte.

Jan Michl, profesor emerito de Teoría e Historia del Diseño en la Oslo School of Arquitecture and Design (AHO) y profesor adjunto de la Norwegian University of Science and Technology (NTNU), escribió en el año 2002 On Seeing Design as Redesign, un artículo (también disponible en español en la web del autor y en la revista argentina Ramona) donde disecciona los dos conceptos, diseño y rediseño. Este prolífico profesor ofrece en dicho artículo argumentos con los que concuerdo plenamente y que considero tremendamente valiosos para los profesionales del diseño.

Enfrentamos la palabra rediseño a aquello que llamamos nuevo diseño:

It is useful in all the situations in which designers want to distinguish between solutions that a firm or organisation already has and needs to improve, and those which the organisation plans to acquire and which – from the firm’s point of view – must be developed from scratch

El diseño como rediseño

A lo largo de la historia, la construcción y apropiación de la palabra diseño se ha asociado a la creación individual de un producto acabado, original y único, que no se ha visto influenciado por visiones, enfoques o soluciones ajenas.

Terms that we use in that context, expressions such as to be influenced, to be inspired, to take over a solution, to start out from, to build further on or to steal are used with an apologetic (or accusatory) undertone as though they implied a reprehensible lack of independence on the part of the designer, as though the designer ought really to be uninfluenced and indeed immune to influence by others, as though he ought to be 100% original in the sense of starting from scratch

Sin embargo, según relata el autor, el trabajo de un diseñador comienza donde otro diseñador o diseñadores terminaron. Incluso donde él mismo terminó. En este sentido, un diseño nunca finaliza ni puede convertirse en la solución definitiva.

De esta manera, y como eje principal de su artículo, cada rediseño que se hace de un producto complejo integra las soluciones aplicadas por otros diseñadores y, por tanto, el resultado está sujeto a una dimensión colectiva, evolutiva y cooperativa que muchas veces olvidamos.

Así pues, el problema está en concebir el diseño como una creación individual, aislada e imposible de cambiar o evolucionar. Un trabajo personal que no se puede compartir, que tiene nombres y apellidos o que es la marca indiscutible de mi particular y original proceso creativo o del de mi empresa. Pero no es así. Cada vez que diseñas, rediseñas. Cada vez que rediseñas, aportas un nuevo significado, un diseño que recoge las contribuciones anteriores para dar con una nueva solución inteligente y colectiva.

Con toda probabilidad no voy a explicar todo esto a mi cliente pero creo que, en parte, tenía razón. Él quería un diseño (nuevo) y yo se lo voy a ofrecer gracias al trabajo de las personas que crearon el producto que hoy en día aparece publicado. Gracias a todos esos diseñadores y colegas de profesión que crean, comparten, difunden y muestran su trabajo y me sirven de inspiración. Gracias a los cientos o miles de diseñadores que conforman la historia de la disciplina y de los que puedo aprender cada día. Gracias a la posibilidad que tenemos hoy en día de buscar y encontrar con una facilidad abrumadora artículos como el de Jan Michl, “una exploración de un problema descuidado en la educación del diseño”.

En el mismo artículo, que considero de lectura recomendada y obligada para todos aquellos que quieran ser buenos diseñadores, se incluyen anotaciones muy curiosas sobre la teoría darwiniana con referencias a obras como Natural Theology de William Paley o El relojero ciego de Richard Dawkins.

Nota extensa: En este post hay dos mentiras muy gordas.

1- Las personas que me escribieron no utilizaron el final de la frase “…porque nos fiamos de tu criterio”. Lo he añadido yo porque me lo hicieron ver en las conversaciones que tuve posteriormente con ellos o, mejor todavía, por dar fuerza al conflicto dramático y acentuar la tensión y el duelo decisivo del protagonista. Esto es así.

2- El artículo lo tenía localizado antes de la anécdota. Bien es cierto que me vino a la cabeza cuando se me pidió que diseñara, en vez de rediseñar y tenía ganas de compartirlo. Pero vamos, que ni búsquedas, ni bloc de notas, ni lápices. Había que presentar y abordar el conflicto de alguna manera. Esto también es así.

Foto: The Oslo School of Architecture and Design.

Evolución en el diseño de velocímetros

Nos pasamos horas viendo o usando objetos cotidianos diseñados por otras personas y pocas veces reparamos en su evolución. El velocímetro del coche es un ejemplo de ello. Nos da una información necesaria para nuestra conducción, lo miramos cientos de veces y solo una vez prestamos atención a su diseño: el día que compramos el coche.

El resto del tiempo cumple su función ofreciendo información constante de nuestra velocidad sin que nos preocupe en exceso si vamos a 121 o 122 kilómetros por hora, por lo menos en el caso de los velocímetros convencionales. Cuando hablamos de los digitales la cosa cambia y se modifica notablemente el concepto de precisión.

A veces se confunde el velocímetro con el cuentakilómetros y, aunque todo está muy cerca, sus significados son bien diferentes. Tampoco creas que voy a profundizar mas en este asunto. No estoy preparado para ello, a pesar de utilizar todos los días un velocímetro y un cuentakilómetros, y es fácil que me pille los dedos con algún otro concepto mas. Además, hay otras personas que lo cuentan mucho mejor que yo.

El diseñador Christian Annyas es un ejemplo. Hace unos meses hizo una recopilación de velocímetros de la marca Chevrolet desde el año 1941 hasta la fecha y, aunque no llegó a recoger todos los modelos, parece que la conclusión de su evolución puede observarse en la siguiente imagen y en el texto escrito por Annyas:

velocimetros de la marca Chevrolet

Speedometers are those kind of items you look at thousands of times during your life, without ever really noticing. You notice the speed, not the meter. And if you do notice the meter chances are you don’t realize someone actually designed it. The company probably even did some research beforehand. Research regarding the readability of typefaces, the right size of the numbers and the space between them.

Nada nuevo en los últimos 70 años, excepto algunos cambios tipográficos, distancias entre numeraciones o tamaños. Incluso llegados a la era de los velocímetros digitales, el diseñador señala que se ha perdido legibilidad y las posibilidades de confundir un número con otro (0,6,8) son enormes, dada la rapidez con la que revisamos la velocidad.

velocimetro digital de Chevrolet

¿Será necesario rediseñar los velocímetros?. Si hiciéramos esta recopilación a partir de otra marca de coches, ¿obtendríamos resultados similares?.

¿Cuántos objetos están ahí, en nuestra vida diaria, y nunca han sufrido innovaciones, cambios o evoluciones significativas?.

¿Te pongo otro ejemplo pero, esta vez, de artefacto evolucionado?.
El termostato doméstico.

 

 

100 preguntas para entusiastas del diseño

Hace un año el diseñador australiano Kevin Finn creó DESIGNerd, una adaptación del clásico juego de preguntas y respuestas al mundo del diseño.

Llamó a otros diseñadores y les pidió que le ayudaran a completar un total de 100 tarjetas con preguntas, organizadas por categorías, y que integraran un número de puntos atendiendo al grado de dificultad.

DESIGNerd

En definitiva, cada volumen de 100 tarjetas está preparado para utilizarse como si fuera “el Trivial del diseño”, un juego de mesa en el que se puede participar de forma individual o por equipos y demostrar los conocimientos sobre la materia.

DESIGNerd

Hasta ahora se han creado tres volúmenes (Kevin Finn; Steven Heller+Lita Talarico; Stefan Sagmeister) y cada diseñador-colaborador es agraciado con la impresión de su nombre en la elegante caja donde son almacenadas todas las tarjetas.

Los dos primeros ya están disponibles en edición limitada (1000 copias) y su precio es de 60 dólares.

Premios y premiados "red dot design 2011"

El pasado fin de semana se ha celebrado en Berlín la entrega de los premios red dot design 2011 en diseño de comunicación otorgados por el Centro Alemán de Diseño de Nordrheim Westfalen.

Se trata de un evento internacional que recibe miles de solicitudes de participación y al que se presentan productos de todo el mundo relacionados con la industria del diseño.

winners of the red dot design award

winners of the red dot design award

Empresas e instituciones o diseñadores independientes presentan trabajos en las áreas de diseño de producto, diseño conceptual y diseño de comunicación. Luchan por conseguir un “punto rojo”, un sello de calidad, además de un prestigioso galardón europeo, que cuenta con unos criterios de evaluación y un proceso de selección de trabajos muy exigente.

winners of the red dot design award

winners of the red dot design award

Todas las obras premiadas se exponen posteriormente en el red dot museum y se suman a esa enorme lista de diseños, diseñadores, empresas, marcas… que han obtenido tal distinción. Entre ellos, BMW, Canon, Sony, Apple, LG, Siemens…

 

Empleos y sueldos ($) en Experiencia de Usuario [Infografía]

Llega la segunda parte del análisis realizado por Onward Search a las profesiones y profesionales UX.

Se trata de una infografía que recoge empleos, descripciones, sueldos, competencias, además de la localización geográfica de las oportunidades profesionales en EE. UU (según datos ofrecidos por SimplyHired).

User Experience Careers Guide

Empleos y sueldos($) en Experiencia de Usuario

Atendiendo a los datos ofrecidos por Indeed y GlassDoor, la compañía americana Onward Search hace un repaso a las profesiones más demandadas en UX y nos indica las generosos sueldos que se cobran al año (me ahorro la traducción de la profesión para no generar demasiada confusión):

User Experience Strategist: Entre 67.000 y 135.000 dólares.

Usability Analyst: 81.000 dolares.

User Interface Designer: Entre 84.000 y 155.000 dólares.

Interaction Designer: 91.000 dólares.

Information Architect: 104.000 dólares.

Cualquier comparación con las profesiones y sueldos ofrecidos en otros países tendrá poca utilidad dado que tendríamos que valorar aspectos sociales, culturales, económicos…

De la información ofrecida por Onward Search me ha convencido la brevedad con la que han definido las competencias y responsabilidades de cada profesional.