El principio de Peter sigue más vivo que nunca

En la década de los 60 Lawrence J. Peter comenzó a presentar los casos que estudiaba acerca de la incompetencia del ser humano.

Gracias a las sugerencias, el apoyo y la colaboración del escritor canadiense Raymond Hull, en 1969 publicaron conjuntamente el principio de Peter, uno de los descubrimientos más relevantes y extendidos de la historia,  fuente de explicación y debate de numerosos comportamientos sociales y psicológicos del ser humano.

imagen extraída del libro El principio de peter

Tal principio está relacionado especialmente con la incompetencia ocupacional, dando a entender que “en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”. De esta manera los ascensos se producen de un nivel de competencia a un nivel de incompetencia.

Esto no quiere decir que todos seamos unos incompetentes en potencia ya que, los argumentos y las posible soluciones expuestas por los autores son más amplias, y han permitido predecir, explicar y solventar numerosas situaciones en oficios y profesiones muy variadas. El principio es, como señalan, inmutable y universal en la medida que se cumplan las condiciones preestablecidas.

Pero lo más curioso del caso es que al leer cualquiera de sus páginas puedes darte cuenta de errores propios, experiencias personales / profesionales o aspectos más generales de nuestro entorno, que no hacen más que confirmar los postulados de este principio.

Esto demuestra la claridad de las ideas de Peter al explicar sus observaciones así como la validez de muchas de ellas.

Así por ejemplo, al referirse a una crisis política o económica, el principio de Peter dice:

1) Muchos de los expertos han alcanzado en la actualidad su nivel de incompetencia: su consejo es desatinado o irrelevante.

2) Algunos de ellos tienen teorías válidas, pero son incapaces de llevarlas a la práctica.

3) En cualquier caso, ni las propuestas sensatas ni las insensatas pueden ser puestas eficientemente en práctica, debido a que la maquinaria de gobierno es una vasta serie de entrecruzadas jerarquías, surcadas de incompetencia en todas direcciones.

Pero no solo podemos extraer explicaciones tan amplias como esta que, quizás, podamos pensar que simplifican en exceso una realidad actual. El escrito de Peter y Hull aterriza también en aspectos más específicos, que se acercan a nuestra experiencia digital:

La codigofilia inicial y digital consiste en una obsesión por hablar con letras y números en vez de hacerlo con palabras.

Este hábito, con el que desgraciadamente me siento identificado en ciertas ocasiones, está muy extendido y, aunque no siempre se puede relacionar con la causa que se describe (que lo trivial parezca importante), no deja de ser una barrera para comunicar adecuadamente.

A veces no nos damos cuenta que nuestros lectores /oyentes / clientes puede que no estén familiarizados con ciertos acrónimos, siglas o abreviaciones.

Ahora bien, esto no quita que en otros casos nos encontremos con discursos que lo único que hacen es despistar o desorientar a propósito para ocultar la simplicidad de ciertas ideas o acciones.

Fonofilia, papirofobia, archivofilia, estructurofilia, incompetencia computadorizada… son algunos otros conceptos descritos en el principio de Peter que, lejos de convertirse en términos sin sentido, a veces esconden nuestros comportamientos más evidentes y notorios.

De todos ellos podemos aprender mucho y deducir aplicaciones prácticas en nuestra vida personal o profesional que nos ayuden a alcanzar la competencia.

En 1999, Fast Company publicó un artículo, titulado How to Manage Geeks, donde daba algunas pistas de la filosofía aplicada por Eric Schmidt, por entonces CEO de Novell, para evitar las jerarquías y lograr una organización más eficiente. Años después, Alexander Kjerulf lo hacía desde una perspectiva contraria: How NOT to lead geeks.

En ambos casos se habla de los geeks pero sus consejos son aplicables a otros entornos, trabajadores o gerencias. Hace tiempo hablé de la gerencia en otras situaciones y, en cierto modo, veo en todos ellos un intento por resolver o evitar en parte los postulados del principio de Peter y llegar a la máxima competencia.

Aun así, asaltan muchas dudas sobre la universalidad de este principio y existen otros principios, estrategias empresariales y formas de gestión corporativa. Pero el simple hecho de cuestionarlo no hacen más que reforzar el interés, el debate y demostrar que sus ideas siguen más vivas que nunca.

Acceso a la versión electrónica del principio de Peter

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