Diseñando papeletas electorales

Supongo que todos recordaréis los problemas que se produjeron en las elecciones presidenciales americanas del 2000, concretamente en el estado de Florida, donde la validez de los resultados fue muy discutida ya que las papeletas y su recuento llevaron a numerosos equívocos.

Sin duda el tema dio mucho que hablar debido a la pequeña diferencia de votos que existían entre demócratas y republicanos. Aquellas elecciones permitieron el acceso a la presidencia de George Bush con la intervención de la Corte Suprema que tuvo que realizar recuentos manuales y solucionar ciertas irregularidades en el sistema de votación.

El diseño de las llamadas butterfly ballot presentaba un serio y evidente problema de usabilidad que inducía al error en la votación y otorgaba votos clave a la candidatura de Patrick Buchanan. El orden de la lista y su correspondencia con los agujeros era confusa de tal manera que se producía un error en la votación entre Al Gore y Buchanan.

butterfly ballot

Es un claro ejemplo de los conflictos que puede generar un mal diseño y la inadecuada transmisión de mensajes. El diseño pasa a convertirse en una responsabilidad social y el diseñador debe asumir su rol para conformar una realidad o facilitar su interpretación. Cuando esto falla y se producen errores de este calibre es cuando descubrimos la importancia de un trabajo muchas veces olvidado o relegado a un segundo plano.

Después de este desastre la American Institute of Graphic Arts (AIGA) se hizo cargo del diseño a partir del programa Design for democracy centrado en mejorar el diseño de las papeletas y lograr así que los procesos de votación sean más claros y fáciles para los ciudadanos. El trabajo de la AIGA se ha extendido por todo EEUU y esto les ha permitido crear, progresivamente, líneas de actuación y aplicar los principios básicos del diseño y la comunicación en todos aquellos elementos que se precisan en los procesos electorales.

De la misma forma, la diseñadora y co-fundadora del programa Design for Democracy, Marcia Lausen, publicó en colaboración con la University of Chicago Press un libro titulado “Design for Democracy: Ballot + Election Design” donde se describen prototipos y recomendaciones que ya han sido aplicados en las elecciones de Oregon e Illinois y que han permitido obtener más datos e informaciones sobre los principios más acordes a este tipo de prácticas.

Richard Grefé, director ejecutivo de la AIGA y Jessica Friedman Hewitt, directora del programa DFD, publicaban ayer mismo, en el New York Times, un interactivo con los errores encontrados en las papeletas del 2004 junto con las soluciones propuestas por los miembros del programa y la Election Assistance Commission (EAC).

ballot for General Election 2008

El cambio es sustancial y, ahorrándome cualquier tipo de apreciación sobre el sentido común (concepto muy difícil de definir en estos días y especialmente en temas tan controvertidos como este), esperemos que evite cualquier error o malentendido en las próximas elecciones.

Me sigue sorprendiendo la cantidad de literatura que existe sobre este asunto y el tiempo y esfuerzo dedicado a elaborar planes de actuación tan completos. No es para menos a tenor de lo vivido hasta ahora y con el miedo a sufrir situaciones similares en el futuro y no haber aprendido la lección. Un futuro que se sigue escribiendo con papel y boli ya que los avances en la votación electrónica no ofrecen suficiente seguridad y se siguen viendo como alteraciones o regresiones en el secreto de sufragio.

La Ley Orgánica de Protección de Datos sobrevuela de nuevo sobre nuestras cabezas y países como Holanda han vuelto al formato convencional después de vivir malas experiencias con el voto electrónico.

España realizó una prueba coincidiendo con la celebración del referéndum sobre la Constitución Europea del 2005. Incluso se llego a apostar por el e-voto, como recogía Juan Gigli. Pero todo quedo en agua de borrajas y hasta el propio Observatorio de Voto Electrónico (OVE) dejó paralizada su actividad.

Seguiremos tomando nota de los diseños americanos y de otros muchos diseños porque no se auguran excesivas innovaciones tecnológicas en los procesos electorales o, por lo menos, en los sistemas de votación.

El toque humorístico lo puso Mike Collins con su viñeta publicada en el 2000. Un punto de genialidad.

viñeta de Mike Collins en taterbrains.com